Soy una profesional bien pagada, vivo feliz con mi esposo y mis dos maravillosas hijas en un bonito piso del barrio de la Bonanova, en Barcelona, tenemos una segunda residencia en Viladrau, un apartamento en Port de la Selva y mi vida transcurre satisfactoriamente en todos los sentidos.
Pero....
Pero me gustan las sopas de ajo, un plato mal visto por la gente de mi entorno más cercano.
Es vital para mi ocultar este vicio nefando si quiero mantener mi dignidad y el respeto de los demás del que ahora gozo.
A veces, al anochecer, y antes de regresar a casa desde el trabajo, me paso por un bar de la Barceloneta donde hacen una sopa de ajo extraordinaria. Disfruto en soledad de mi plato preferido, pero temo ser sorprendida.
Mi autorepresión me provoca una cada vez mayor pasión por este extraordinario manjar.
No lo he dicho nunca a nadie. Hasta ahora no he confesado a nadie este terrible secreto.
La sopa de ajo, ¡ah!
Ana Gluksman
miércoles, 25 de marzo de 2009
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